La magia de Monza

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Crónica de un fin de semana en Monza (I)Posted: 18 Sep 2010 08:20 PM PDT -F1 Aldia

Ambiente único. Esas serían las palabras más adecuadas para describir el Gran Premio de Italia en Monza. Existiendo otros circuitos con una gran atmósfera como Albert Park o el Gilles Villeneuve, así como con un importantísimo poso histórico como Nürburgring o Spa Francorchamps, ninguno de ellos consigue reunir esa magia a su alrededor como lo hace el Autodromo Nazionale di Monza.

Cuando uno va accediendo a la localidad de Monza, rápidamente se da cuenta de que la ciudad está completamente volcada con su Gran Premio. A pesar de los conflictos medioambientales que genera el viejo autódromo, a la hora de la verdad, todos los lombardos se entregan en cuerpo y alma a la Fórmula 1.

Uno de los ejemplos del apoyo local es una especie de monumento presidido por una escultura de metal del trazado italiano y dos espectaculares murales adornados con azulejos, que, sin el más mínimo desperfecto, exhiben la mejor foto de cada uno de los casi 80 Grandes Premios disputados desde 1922, y los autógrafos de algunos de los pilotos y constructores más importantes, como Ayrton Senna o Colin Chapman.

Una vez dejado atrás el pueblo y sin darte cuenta, te ves inmerso en el Parque de Monza, donde se ubica el circuito. Lo cierto es que más que un parque parece un bosque, en el cual las cerradas copas de los árboles apenas dejan pasar la luz y mantienen una fría bruma que se cala hasta los huesos. Los restos de la civilización parecen desaparecer; como si de un viaje en el tiempo se tratara, sientes que estás recorriendo el camino que décadas atrás recorrían los ‘tifosi’ para apoyar a los Tazio Nuvolari, Alberto Ascari o Phil Hill.

El ambiente dentro del circuito es impresionante. Rápidamente la felicidad de los allí presentes se contagia a uno mismo, y un sentimiento de fraternidad con todos te hace sentirte como en casa. Es cierto que los ferraristas dominan por doquier, pero la camaradería sincera con los aficionados de McLaren o Red Bull va más allá del mero respeto al rival.

La grada donde se encontraba mi asiento era la Tribuna Museo, justo a la salida de la Variante Ascari hacia la Parabólica. El público que se dio cita el viernes ya era bastante numeroso y los asientos que quedaban libres seguro eran propiedad de algún que otro español que llegaría para la jornada del sábado.

Desde este lugar se podía observar claramente la superioridad de Red Bull en su paso por las enlazadas de la chicane y la de McLaren en la recta hacia la Parabólica. Sin embargo, en los segundos libres Fernando Alonso emergía de las medianías de la tabla para situarse segundo tras Sebastian Vettel. El trabajo del asturiano con los reglajes del Ferrari F10 empezaba a dar sus frutos, ¿sería suficiente para contrarrestar a sus rivales directos por el título?

Una vez finalizada la actividad en pista, nos acercamos a la zona comercial del circuito y a los alrededores del acceso al paddock. El objetivo era comprobar si es cierta la cercanía entre la Fórmula 1 y los aficionados de la que todo el mundo habla en Monza. No llevaba ni diez minutos cuando los primeros pilotos aparecían por la puerta atravesando a los grupos de espectadores sin inmutarse, como si aquí fuese normal lo que en el resto de circuitos no lo es.

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